04 julho 2007

Lisboa...


Lisboa... tão linda!

A Lisboa hay que verla en el tiempo exacto de un sollozo. Verla toda entera con la primera luz del amanecer, por ejemplo. O verla bien completa con el último reflejo del sol sobre la Rua da Prata. Y después llorar. Porque uno, aunque sea la primera vez que la ve, tiene la impresión de haber vivido antes allí todo tipo de amores truncados, desenlaces violentos, ilusiones perdidas y suicidios ejemplares. Caminas por primera vez por las calles de Lisboa y, como le ocurriera al poeta Valente, sientes en cada esquina la memoria difusa de haberla ya doblado. ¿Cuándo? No sabemos. Pero ya habíamos estado aquí antes de haber venido nunca.

texto: "La ciudad que navega", de Enrique Vila-Matas

1 comentário:

Anónimo disse...

mais 1 dia q acaba e a cidade parece dormir ... caminhar pela calçada sem saber para onde vou ... assim é Lisboa ...
Ana